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jueves, 3 de junio de 2010

En busca del Lince Ibérico

EN BUSCA DEL LINCE IBÉRICO

Todo comenzó en Monfragüe, en el mirador de la portilla del Tiétar mientras hablaba con una pareja que me dijo que habían visto al Lince Ibérico en la Sierra de Andújar. Esto me hizo tener un nuevo reto, localizar, ver y fotografiar en su medio al felino más amenazado del mundo.

Localicé por internet una habitación en una casa rural: Villa Matilde, era la que estaba más cerca de la zona de observación.

La salida fue a las 3:00 para llegar al amanecer al lugar indicado por el dueño de las casa rural. En Cáceres nos indicaron un lugar en la zona recreativa del pantano del Encinarejo, pero se lo comente al dueño de la casa y me dijo que fuéramos a otro lugar cercano que no indicare para evitar las aglomeraciones de turistas.



Mientras llegábamos nos dábamos cuenta que estábamos rodeados de ciervos por todos lados.



Llegamos al lugar y había 2 grupos de observadores a los que me acerqué para indicarle que si veían algo, nos lo indicasen. Los 2 grupos se conocían y estaban intercomunicados entre si para tener más campo cubierto. Un grupo era un poco mas seco y el otro era mucho más sociable, por lo que nos acercamos a ellos para estar informados y aprender de sus experiencias.

Comenzamos a mirar y a hacer las típicas preguntas para saber qué buscar y como hacerlo. Nos indicaba que se notaba, que no nos preocupásemos, que si veíamos uno nos daríamos cuenta por su parsimonia al andar.

Mientras observábamos el paisaje vimos varios Buitres Leonados, Oropéndolas, Rabilargos, Picogordos, Buitres Negros y un Águila Imperial. Todo esto indicaba que estábamos en un entorno privilegiado. Lo que más me llamaba la atención era la cantidad de conejos y perdices que había por todas partes, alimento indispensable del Lince y del Águila Imperial.

La mañana fue pasando sin novedad alguna

A las 12:30 nos fuimos a ver el pantano del Encinarejo a intentar ver un nido de Águila Real y a las nutrias.


Por el camino vimos algunas aves que no había visto nunca como la Oropéndola o el Picogordo.



El calor apretaba y no vimos nada, desistimos y nos fuimos al hotel. Almorzamos, nos dimos un baño en la piscina y echamos una siesta que nos merecíamos. A las 18:30 nos fuimos otra vez al mirador a seguir observando. Allí estaban los dos grupos de observadores a la sombra esperando a que refrescase algo mas la tarde ya que hasta que no bajara la temperatura no habría mucho que ver. Fuimos al pantano de la Jándula a intentar ver otra vez la Nutria, pero tampoco hubo suerte.

Cuando el sol cayó un poco regresamos al mirador hasta que anocheció. El primer día se acabo sin novedad alguna. Al irnos le preguntamos a Javier y nos dijo que estaba casi seguro que había visto bajar uno pero no había demasiada claridad y no lo pudo constatar.

Al día siguiente, a las 6:30, estábamos en el observatorio otra vez. Yo tenia una sensación que tampoco veríamos nada. En un momento dado, una chavala del grupo dijo: “tengo dos gatos” todos nos pusimos alerta y empezamos a otear, pero cuando le dio al zoom vio que eran 2 buitres posados. Un tiempo después decidí el irnos de allí ya que cuanto mas tiempo estuviéramos allí, más difícil seria ver las nutrias. No se el porqué sabia que allí no iba a ver nada. Recogimos los bártulos y nos montamos en el coche para irnos. Cuando llevábamos 1 km aproximadamente llegamos a la altura donde estaban mirando Nene y Javi y vi a Nene haciendo aspavientos. Le dije a mi novia, ESTA GENTE TIENE UNO AHÍ. Ella me dijo que seria para que fuéramos más despacio pero todo se volvió loco en un segundo. Realmente lo tenían, nos indicaron que paráramos y fuéramos. Me quede bloqueado, el coche se me calo, no podía quitarme el cinturón de seguridad, lo dejé abierto en una curva. Todo daba igual, lo tenían, me señalaron donde se había metido. Era un arbusto a no mas de 15 metros, al instante dijeron, ahí está. Mire y no vi nada, me fijé y era mas pequeño de lo que creía, estaba totalmente camuflado y nos daba la espalda con sus inconfundibles orejas puntiagudas. Se quedó quieto, miró a su derecha y luego a su izquierda, nos miró por un segundo y se fue como si nada.



Después de ese momento nos quedamos todos con una sonrisa de oreja a oreja y comentamos la situación una y otra vez. Por lo visto, se dio cuenta porque las Urracas se ponen cerca de él y alarman al resto. Cruzo la carretera entre ellos y se metió en el arbusto en cuestión.

Después, Javi, lo vio mas abajo e intentamos seguirlo por un valle cercano pero ya no lo vimos más.

Nos despedimos y seguimos para intentar ver la Nutria por tercera vez, parando antes para hacernos la foto de rigor con la señal de peligro Lince.

Llegamos al mirador y estuvimos un ratito mirando el río pero el calor empezaba a ser insoportable y decidimos irnos para Puerto Real.
El viaje de regreso se hizo con normalidad.

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